dimarts, 19 d’abril de 2016

¿Mamá o educadora?... ¿o las dos?

Dragones, no me olvido de vosotros y tengo tanto que contaros que, sinceramente, no sé por qué empezar. Así que lo haré re-presentándome, pero de una forma distinta. Esta entrada va a ser laaaaarga.

El próximo día 5 de mayo tengo un examen. Un examen que determinará mi entrada o no a una bolsa para una escuela infantil (aka guardaría)
Porque, como algunos ya sabéis, soy educadora infantil. Es decir, por muchas peleas, por muchos eufemismos, soy guardiana de pequeños de 0 a 3 cuyos padres, por culpa de gobiernos vagos, no pueden estar con ellos el tiempo que necesitan (tanto los peques, como los padres)

Este pequeño detalle (el ser educadora, no el de gobiernos vagos) me lleva a vivir unas serie de anécdotas con padres, amigos con o sin hijos, abuelos... Es como el que dice que es enfermero y le preguntan por la manchita que le ha salido en el brazo. Pues igual. El aluvión de preguntas, dudas y comentarios está garantizado.
A mí, personalmente, no me importa. De hecho, si puedo ayudar, pongo todos mis conocimientos a vuestro servicio.

Pero vayamos por partes, que me voy.

Cuando hay un examen de este tipo, hay dos partes: temario general (la sacrosantainviolableconstitución, el estatuto de la autonomía correspondiente...) y el temario específico.

Es este temario, el que me va a facilitar muuuuuuuuuuuchos temas sobre educación infantil en este blog. Os los dejo a continuación (podéis elegir cuál va primero)

El proceso de aprendizaje. Principios didácticos fundamentales. El período de adaptación. Funciones de los educadores. Desarrollo del sistema sensorial y motor. Desarrollo socioafectivo. Alimentación. Higiene. Control de esfínteres. Necesidad de sueño. Enfermedades infantiles. Vacunas. Prevención de accidentes infantiles. Primeros auxilios. El juego y los juguetes. La literatura infantil. El medio familiar. El papel educativo de la familia. Técnicas de trabajo con familias...*

¿Interesante? Me alegro. Que sepáis que son los temarios de dos años de estudios y el más avispado de mis lectores habrá pensando: "¿Todo eso? ¿Con un bebé de 7 meses? Ni de coña apruebas, tía."

Dicho esto, entremos de lleno en el título de la entrada.

Cuando solo era educadora
Cierto es que, cuando estás estudiando, eres la mejor. Aprendes muchas teorías, simpatizas con algunas, otras las aborreces, sacas notazas, haces trabajos de 10... Juras y perjuras que jamás usarás ese método y piensas, ilusa de ti, que eso te ayudará a ser mejor madre... Pero la realidad te golpea cuando haces las prácticas.
Ya lo dice una frase que pulula por las redes: "Uno es muy buen padre, hasta que tiene hijos".
Por suerte, tuve (tanto en mis dos años de estudio, como en las prácticas) grandes maestros. Entre ellos, las experiencias. Fueron éstas últimas las que me moldearon y acercaron a la educadora que soy ahora.
La guinda, la puso mi hijo... ese sí que es un buen maestro.

Ahora soy mamá
El embarazo si algo te da es tiempo. Y cuando hay tiempo qué haces: leer. Leer y conectar con tu yo primitiva, con ese instinto que te llevará por el camino del sentido común. Si a eso le añado mis conocimientos... Me llevé muchas sorpresas.
La sorpresa más triste es que, teniendo todas las herramientas del mundo, tanto conocimiento a nuestro alcance, son muy pocos padres los que apuestan por una crianza diferente. Aunque cuando nos juntamos por las redes, somos muchos.
Podéis pensar que yo lo tengo fácil, pero no más que cualquier padre o madre que sean médicos o informáticos.

Llegados a este punto, me confieso.

Ser educadora no me hace ser mejor madre. Ser madre es lo que me convierte en mejor educadora. Ahora miro hacia atrás y veo qué ha hecho por mí la llamada "crianza con apego" (yo lo llamo seguir a mi corazón, aunque os suene cursi) y soy muy afortunada.
El pequeño dragón me ha enseñado muchísimo, él me guía en sus necesidades y, a veces, no sé quién es el inmaduro en esto de criar... si él o yo.

En el olvido han quedado métodos de adiestramiento de niños (antes les tenía poca confianza, ahora ninguna)

Así que, cuando hable de educación infantil, recordad que no os voy a dar un conjuro para tener niños perfectos que sepan hacerse la cama sin rechistar. Cuando os de herramientas, lo haré siempre pensando en mi hijo, en cómo quisiera que lo educaran en una escuela; para que sean niños felices, con sueños, libres para elegir, independientes y sanos emocional y físicamente.

* Al final del temario, os ponía una estrellita. Quería contaros una frustración. Lo que no se contempla en un examen de tipo test, es a los educadores diferentes, a los que creemos que hay que cambiar el sistema desde el sistema. Y que las teorías, son eso, teorías. Después, cada niño, es un universo por descubrir. No hay dos niños iguales, por mucho que nos emperremos. Por eso, lo que a uno le funciona, no le funciona al resto.


dimarts, 10 de novembre de 2015

Mamá unicornio

Queridos dragones,

Os tengo abandonados. Mil disculpas, pero el pequeño dragón me necesita las 24 horas del día, los 7 días de la semana. A veces, tengo ratitos -como ahora-, pero nunca se sabe en qué momento se va a despertar pidiendo teta, brazo o, sencillamente, atención (más ahora que ya se ríe)

Pero bueno, aprovechemos el ratito. Hace ya algún tiempo que quería hablaros de lo que llamo «mamás unicornio». El término viene de cuando vi la película «Qué esperar cuando...», junto con el aumento de este tipo de madres en las redes sociales.

Primero, os explicaré el por qué de ese nombre. Todos sabemos que el unicornio es un animal mitológico, adorado durante siglos y que, aún hoy, suscita fascinación. Ese animal perfecto y hermoso, que sólo podían acariciar las almas puras.

Imagen de la película de animación «El último unicornio» inspirada en la novela homónima de Peter S. Beagle.

Pues bien, la «mamá unicornio» es esa mujer que, presente en todas las redes sociales, tiene cientos de seguidores y muestra, a través de sus fotos, las maravillas de la maternidad. Perdón, de SU maternidad.
Son madres que, sinceramente, envidio. Todo en su idílico instagram/facebook es perfecto: la habitación de su bebé (con muebles carísimos), los regalos que le han ido haciendo (de las marcas más exquisitas), su parto y su primer paseo. Son como un anuncio andante de la maternidad. No les duelen los puntos. De hecho, no les pusieron puntos.
Y lo más importante de todo: sus hijos son perfectos. Ni lloran, oigan.

Ahora hablemos con seriedad. No idealicéis la maternidad. Sí, es maravillosa. Pero lo es dentro de sus imperfecciones, de sus horas de desvelos, de esas cacas que llegan a la nuca de tu bebé y que terminan en tu flequillo (sin saber cómo). La maternidad es el momento más especial para una mujer, pero no la idealicéis. Porque si seguís a ese tipo de madres, os vais a frustrar.

Posiblemente, la habitación de vuestro bebé no sea carísima. Quizá sea de Ikea, pero, ¿no es la cosa más bonita que habéis montado jamás? O quizá sea como la del dragón: un mueble de aquí, otro de allá, otro reutilizado y, por supuesto, con el cambiador de Ikea ;)
Pero, para mí, tiene una habitación preciosa. Hasta tiene su zona Montessori.

Regalos hemos recibido los justos. Todos prácticos. Y la marca más exquisita ha sido Stokke (la trona evolutiva) En nuestra defensa diré dos cosas: Stokke piensa a largo plazo (te gastas un pastón, pero te dura mucho tiempo) y fue un regalo de mi madre.

En cuanto a mi parto, perfecto fue el momento en que me pusieron al dragón encima. Las otras once horas y cincuenta y nueve minutos fueron eternas y dolorosas, me pusieron cinco puntos y dos se me clavaban en el alma hasta que mi matrona decidió que se iban fuera (eso también dolió y mucho)

Así que futuras mamás, no idealicéis. Los bebés lloran y vuestra casa será un caos. Perdón, un CAOS. Pañales por todas partes, gasas, platos sin fregar, lavadoras que parecen el Everest... noches en vela, cólicos y, si dais LM, preparaos.

Por suerte, nuestro cuerpo nos da chutes de oxitocina (conocida como hormona del amor o de la felicidad) cada poco, para recordarnos que esa personita que ahora se ríe entre nuestros brazos es el mejor regalo de la vida. Eso, queridas amigas, sí que es imposible de idealizar. Porque eso sí que es cierto, vuestro hijo es lo mejor de vuestra vida.

Me despido con una frase que escuché hace muchos años: «Lo que no se alcanza se idealiza».
No todo es perfecto detrás de esa foto ;)

dimecres, 7 d’octubre de 2015

Depresión post-parto y babyblues: Hay que diferenciarlas

Ayer, mi chico me confesó que, tras el ingreso del dragón y la falta de apoyo del entorno, tenía miedo de que mi babyblues evolucionara a depresión post-parto. No lo dijo en esas palabras, pero yo le puse nombre a los sentimientos que han ido evolucionando a lo largo de estas cuatro semanas.

Por eso y porque me parece importante saber diferenciar una de otra, hoy os hablo de qué es la babyblues y qué es la depresión post-parto.

Para empezar, sabed que el 85% de las mujeres vais a padecer la babyblues (si eres primeriza, seguro) Servidora, sin ir más lejos. Para que nos entendamos, es una leve depresión (que poco me gusta esta palabra) que dura unos 15 o 20 días y que aparece durante el puerperio (etapa de recuperación tras el parto)
Sus síntomas son: cambios de ánimo, tristeza, romper a llorar sin motivo aparente, sentirse irritada, ansiosa y, mi favorito, sentirse sola, desamparada. A veces, se pierde el apetito y hay dificultad para conciliar el sueño (aunque, siendo sinceras, eso viene con el paquete de «tener un bebé»)

Superficialmente, estos síntomas pueden llevar a pensar en una depresión post-parto, pero, hay una gran diferencia: con la babyblues no sientes desapego por tu hijo, no le culpas de todos los males.
De hecho, le miras y se te quitan todos los males.

Con la depresión post-parto, que ya entramos en terreno peligroso, la madre puede sentir desapego por su hijo, culparlo de lo que le pasa, desatenderlo y desatenderse a ella misma. El 15% de las mujeres padece depresión post-parto y es muy importante ser conscientes de que puede aparecer a lo largo del primer año tras el embarazo; saber cuáles son sus síntomas y acudir al médico lo antes posible.

La babyblues aparece y se va sin más y no requiere de tratamiento. Sólo de comprensión, paciencia y mucho amor por parte de familiares y amigos.

Personalmente, recomiendo que, cuando empecéis las clases maternales (popularmente, «clases de preparación al parto») no acudáis solas. Hacedlo con vuestras parejas. En las clases maternales no sólo os  enseñan a respirar. Os dan clases de lactancia, de cuidados del bebé, de puerperio... Y es muy importante sentirse apoyadas en los momentos posteriores al parto. Además, os aconsejo que os llevéis a la clase de puerperio a otro «pilar». Bien una hermana, madre, prima o amiga que os defienda y os apoye durante estos días. Y si ha pasado por mismo, mejor que mejor.

No estoy triste, estoy agotada y feliz ;)

Y recordad, no toméis decisiones por la noche. Estaréis cansadas, con ganas de llorar y exigiéndoos más de lo necesario. Todos los días sale el sol.