divendres, 28 d’agost de 2015

¿Tu peque empieza el cole?

Dragones,

Tengo pendientes muchos temas: doulas, segundo y tercer trimestre, la habitación del bebé, las cosas que necesitamos y, sobre todo, las que no... Muchos temas que, en mis casi 38 semanas, veo complicado poder tratarlos todos, pero lo intentaré ;)

Hoy, en cambio, quería hablaros de algo que ya tenemos a la vuelta de la esquina: La vuelta al cole.
Como sabéis, soy educadora, así que si vais a llevar a vuestro peque a la escuela infantil, os voy a dar unos consejitos (que no habéis pedido) para hacerle más llevadero el cambio de rutina.

¿Cuándo llevar al bebé al «cole»?
Voy a echarme piedras sobre el tejado (bueno, en realidad, no. No trabajo, así que...) Desde mi punto de vista, como futura mamá y activista empedernida en la lucha por una baja maternal digna; considero que, lo ideal, sería empezar a llevar a nuestros hijos a la escuela infantil a los 2 años.
Claro, eso es lo ideal, pero no vivimos en un mundo ideal. Si los padres trabajan, el papá vuelve al trabajo a los 15 días del nacimiento de su bebé (si tiene suerte, como sea autónomo...) La madre, si trabaja, tiene 16 semanas de baja (cada vez que lo escribo, me pongo enferma, de verdad) Luego, si vemos a los pitusos muy pequeños y tenemos unos padres jóvenes y vitales, pues podemos dejarlos con ellos.
Pero eso no siempre es posible.
Si no tenemos la opción de los abuelos, algún cuidador de confianza... pues a los padres no les queda otra que llevarlos a la Escuela Infantil (o centro)

Como no podemos tener al niño 2 años por ahí, lo ideal es llevarle a los 6 meses. Es el momento en que están más simpaticones, que «se van con todos» y su adaptación va a ser un paseo (tened en cuenta que todos los bebés no son iguales. Lo que es un paseo para unos, es un infierno para otros)

Si llegamos a los 8 meses... que el de arriba os pille confesados. Entramos en la crisis de los 8 meses (a veces, empieza a los 7) y muchos papás se sienten abrumados, perdidos.

Ellos no lo han elegido
No lo olvidéis. Los peques no han elegido ir a la escuela infantil. Vosotros, muchas veces, tampoco. Si habéis tenido suerte y habéis podido llevarle al año o a los dos, vuestro peque necesita que le ayudéis en ese cambio.

Para empezar, presentádselo con cuentos, juegos... Que lo vean desde un punto de vista positivo:
Podéis aprovechar sus juguetes o, si sois muy imaginativos, inventar una historia, dibujarla juntos...

Paso a paso. De nuevo, lo ideal sería elegir una EI que sea flexible. Que nos deje introducir a nuestro hijo poco a poco. Algunos estaréis pensando en el famoso «período de adaptación». Pues bien, pocos sitios lo hacen bien y muchas veces están tan saturados por la ratio, que ni aún haciéndolo bien... los peques se adaptan.
Hablad con la dirección y con el educador de vuestro hijo. Si podéis empezar en el curso anterior, mejor. Id a dar un paseo, saludadles desde fuera (si os dejan entrar ya, decidme dónde los lleváis) No hace falta que lo hagáis todos los días, pero si un par de veces a la semana. Que vuestro peque se acostumbre al edificio, al camino de ida y vuelta, a la cara de la persona que le va a educar.
(Este consejo lo podéis aplicar también al dentista, al peluquero...)

Si el peque ha "entendido" que va a ir a un sitio chulo, con gente adulta maja y ¡¡con niños!! Es hora de ayudarle a adaptarse.

El cambio de rutina. Cuando quede un mes para incorporarse al cole, es hora de cambiar las rutinas. Si tenéis que dejarlo a las 8 de la mañana y se levanta a las 9... Pues es hora de irse a la cama antes y levantarse antes, también.
Si vuestro peque ya quiere hacer cositas solo, es bueno que lo tengáis en cuenta. Su concepto de tiempo es muy slow (deberíamos aprender de ellos), si le cuesta dos horas ponerse las zapatillas... pues a levantarle antes. No caigáis en los famosos: «Date prisa», «vamos a llegar tarde» o «es que me haces perder los nervios».
Otro día hablamos de la autonomía.

Al principio, y si la escuela es flexible, ¿por qué llevarle todos los días? ¿O todas las horas? Seamos flexibles.

No salgáis corriendo. Lo he visto muchas veces. Los niños vienen nerviosos, los adultos vienen nerviosos; llegan, los dejan y salen corriendo. Resultado: Niños llorando a pleno pulmón, identificando la escuela como algo malo y al educador... el educador es el malo de la peli. Sentimiento de abandono, estrés...

Tomaos vuestro tiempo para despediros. Para decirles cuánto les queréis, que en un ratito volvéis, que lo van a pasar genial. Sed dulces y comprensivos y tened mucha paciencia.
La mayoría os dirán que no hagáis una despedida eterna y yo también, pero una cosa es hacer una despedida sin fin y otra, muy distinta, es «tirar» a vuestro hijo en brazos de la educadora y que ella tenga que hacer malabarismos porque el niño le patea, le muerde, se le intenta tirar al suelo llorando... y tiene a otros 20 niños correteando, llorando, haciéndose pis/caca... ¿Os lo imagináis? Yo lo he vivido.

Después de la escuela, dedicadles tiempo. No me vale el «estoy cansado». Vuestro hijo, también. Necesita mimos, cariño y un ratito con vosotros. Llevadle al parque, merendad algo diferente, que le guste. Que sepa que, cuando le dejáis en la escuela, no sólo volvéis, sino que los habéis echado de menos y que queréis pasar tiempo con ellos.

Relación padres-escuela
Por desgracia, nuestro país no está acostumbrado a que los padres se involucren en la escuela. En otros países, pedirse una hora o dos para hablar con los profesores es «lo normal». Aquí es de vagos e irresponsables. Todo depende de quién lo mire.
Siempre que podáis, participad en las actividades de la escuela (fiestas temáticas, charlas, talleres...)

Reunios una vez por trimestre con el educador tampoco viene mal. No sólo para recoger las "notas". Para saber de vuestro peque, para preocuparos por la persona que lo educa.
Algunos padres consideran que con hacer un regalo al final del ciclo vamos apañadas. De verdad, a mí la pulsera de Tous me la trae al pario. Que los padres se preocupen por sus hijos, me planteen dudas de educación/crecimiento... o se ofrezcan a realizar talleres y demás, es el mejor regalo.

Hay unas normas, por favor, seguidlas. Sí, os he dicho que la escuela debe ser flexible, pero todas las escuelas tienen unas normas (sobre todo de higiene y salud) que deberían seguirse.
A saber, no llevar al niño si éste presenta fiebre, una enfermedad contagiosa (como el sarampión), piojos...
Parece una chorrada, algo de sentido común, pero, creedme. He tenido casos de padres que me han traído a los pitusos con chute de apiretal o dalsy y, para colmo, los niños te lo dicen: «Me he tomado el jarabe rosa/naranja».
Y así, mil aventuras.

La vuelta al cole (o el empezar) puede ser algo divertido o un proceso traumático. Todo depende de vosotros. Empezar una adaptación en casa y hacerlo con respeto y cariño, os pueden facilitar (y mucho) este cambio en vuestra vida y en la de vuestro hijo.

Y si tenéis alguna duda, podéis preguntadme.

Otro día os hablaré de alternativas a la EI, como por ejemplo, las «madres de día».

Imagen: Sylvanian.

dissabte, 22 d’agost de 2015

Cuando te sientes sola...

Permitidme, queridos dragones, que hoy sea visceral.

Ayer tuve que ir a urgencias. Desde hacía unos días, sentía una especie de chasquido dentro del útero y como mi matrona está de vacaciones, acudí a la matrona del pueblo de al lado.
He de confesar que la segunda me gusta mucho. Es una chica dulce, cariñosa, que te escucha (esto es SÚPER importante), te aconseja y te tranquiliza.
La primera... pues eso.

Pero sigamos. Acudí a la matrona y me dijo que estaba teniendo contracciones. Cuando nuestro útero se contrae, nuestros bebés se aceleran y mi dragón, ayer, iba a mil por hora.
Hasta ahí todo normal. Todo normal si no fuese porque yo no sentía la contracción, no respiraba con profundidad y mi peque no se relajaba.

Me hizo una tira para descartar otra infección de orina y me acostó del lado izquierdo. Me dejó un ratito así, para que me tranquilizara.
Cuando salió por la puerta, me eché a llorar.

Y te echas a llorar no por ti, sino por tu bebé. Porque no sabes si está bien, si lo estás haciendo bien... En esos momentos, nuestro mejor consuelo es nuestra pareja, al menos para mí. Porque se ha ganado la medalla a la Paciencia y a los Mimos. Porque no me soltó la mano en ningún momento. No fuese que me cayese en ese vértigo emocional.
Cuando la matrona volvió, mi bebé ya se había relajado, pero yo seguía con contracciones que no sentía.

Para que me tranquilizase, me mandó al hospital.

Y aquí es donde empieza la aventura.

Desde que estoy embarazada, y aunque me propuse sólo acudir el día que me pusiese de parto, he ido tres veces:
1. Por un sangrado.
2. Por contracciones producidas por la infección de orina.
3. Por contracciones que no sentía.

La primera vez, fui en un estado de pánico, con la tensión por las nubes, llorando cada vez que me hacían repetir por qué estaba allí (que fueron, exactamente, tres veces: recepción, triaje y gine)
La matrona de triaje fue todo dulzura y comprensión. Cosa que me sorprendió, acostumbrada a «eso es normal» de mi matrona de cabecera.

La segunda vez, tuve la maravillosa suerte de encontrarme con una matrona recién horneada (de las que contratan en verano y tienen unas ganas locas de currar de lo suyo) y mi ginecóloga habitual. Un día os hablaré de esta gran profesional que me conoce desde pitusa.
Mi gine me explicó todo, como siempre, machacadito y tranquilizándome. Vamos, que me fui del hospital más feliz que una perdiz.

Pero ayer... Aquello fue otro cantar.

Después de que me revisara la matrona, llegamos al hospital. La cosa fue rápida (no más de dos horas) Mismo ritual. Primero triaje y después monitores. La matrona que estaba en monitores me preguntó que me pasaba:
-Tengo contracciones que no siento y el latido del bebé va disparado...
No me deja terminar cuando dice:
-¿Y?
Me dio tanta rabia que le dije en una vocecita de niña pequeña:
-Mi matrona, para mi tranquilidad, me ha mandado al hospital.
Me puso las correas de mala gana, apagó el sonido del monitor para que no lo escuchase y, cuando pasaron los 30 minutos, ni siquiera fue capaz de decirme que estaba todo bien. Vino, me quitó las correas y añadió:
-Límpiate con la sábana.
Y yo que pensaba que mi matrona «de cabecera» era una bruta sin sensibilidad... ¿No querías caldo? ¡Pues toma dos tazas!

Cuando pasé a gine, me hizo las preguntas de rigor, me hizo desvestirme y sin mediar palabra, me tocó. Tocar es cuando te meten la mano hasta la campaniña, te hacen un dolor horrible, te hacen sangrar, pero «es normal». La chica, al parecer, tenía que mirar algo más. Así que se fue de la habitación sin decirme ni una palabra. Me dejó sola, a medio vestir, sabiendo que había sangrado y con una contracción de las que duelen. Al parecer, a mi bebé tampoco le gustó, se enfadó y empezó a moverse. No para castigarme. Sino para decirme: «Mami, a mí también me ha molestado».
Volvió al cabo de unos minutos eternos, me hizo una eco y me dijo que estaba todo bien.

Por supuesto, leer que sólo acuda a urgencias por sangrado, rotura de aguas, contracciones regulares (te dicen qué debes sentir y cada cuánto) o si no notas a tu bebé... No sé, es como decir: «No vuelvas si no tienes una urgencia real, primigesta idiota».

Porque el embarazo, como ya he dicho alguna vez, es una montaña rusa de emociones. Porque sí, está muy bien que los profesionales te controlen la tensión, te hagan análisis o te llamen gorda cada vez que te toca revisión. Pero, a veces, sólo a veces, necesitamos una palmadita en la espalda, un «todo va bien» en vez de un «eso es normal». Que sí, que yo soy una afortunada porque mi pareja es mi súper héroe que hace todo eso y más. Que mi amiga Ro me manda wasaps para motivarme y decirme eso de «todo va bien»... Vamos, que lo que es apoyo familiar y de amigos, no me voy a quejar.
Pero, insisto, que un profesional te aporte tranquilidad emocional tampoco está de más.

Ayer me sentí sola, dolida. Ayer lloré al salir del hospital porque, aunque todo estaba bien, al parecer les fastidié la tarde de viernes con mis miedos e inseguridades.

La próxima vez que vaya al hospital será porque mi dragón ya viene al mundo y solo espero no cruzarme ni con una, ni con la otra. Porque sí, ganan las profesionales buenas y cariñosas; y yo sólo me he cruzado con tres insensibles... pero, ¿y todas esas mamás que se han cruzado con más de tres?

Ayer, por primera vez, entendí porqué existe la figura de la doula. Ayer la respeté más que nunca. Pese a quien le pese. 

divendres, 7 d’agost de 2015

¡Voy a ser mamá! (1er trimestre)

Futuras mamás,

Hoy la entrada de blog va por vosotras ;)

Tanto si estáis embarazadas como si queréis ir en busca del dragón, os voy a contar mi experiencia. Esta entrada, en concreto, la dedico al primer trimestre.

Cuando el papá del dragón y yo decidimos que queríamos ir en su busca, lo primero que hicimos fue pedir cita con mi ginecóloga. Quería hacerme una revisión y comentarle mis dudas, miedos...

Mi gine es muy cañera. Me recomendó que me hiciera un análisis (que, finalmente, no me dio tiempo a pedirlo) y me recetó ácido fólico (con yodo y B12)
El ácido fólico es bueno tomarlo antes y/o durante los primeros meses de embarazo para evitar problemillas en la formación de nuestro bebé. Como, por ejemplo, la espina bífida.

Uno de mis temores era la toxoplasmosis (En aquellos momentos no sabía si la había pasado, o no) Tenemos una gata y había leído barbaridades por internet: «Si tienes gato, deshazte de él». ¿Perdón? ¿Están fomentando el abandono de animales?
Por mi parte, lo tenía claro. Mi Lluna se queda en mi casa y mi ginecóloga, por supuesto, me apoyó.
Además, me explicó que las personas que no tenían gatos, también podían contagiarse, por ejemplo, a través de las verduras o por la carne poco cocinada.

Para prevenir el contagio -tanto si tenemos gato, como si no- sólo hay que seguir unas sencillas normas de higiene: limpiarse las manos (sobre todo si tocamos tierra; por ejemplo, si tenemos plantas), evitar recoger las heces de los peludos (en casa las recoge mi chico) y si las recogeis, limpiarse bien las manos. Limpiar bien frutas y verduras, cocinar bien las carnes y no consumirlas en crudo.

Como veis, es muy sencillo: limpiarse las manos. Parece obvio, pero no lo es. Si todos nos limpiáramos las manos (después de ir al baño, antes de cocinar...) evitaríamos muchas cosas. Entre ellas, la gripe, la hepatitis A...

Anécdota: Mi chico se fue a un baño público. Estaba él y cuatro hombres más. Después de ir al baño, fue a limpiarse las manos... cosa que sólo hizo él.

Para mayor tranquilidad, en el análisis de cada trimestre, nos hacen la prueba de la toxoplasmosis. Entre otras cosas, porque se pasa como un resfriado.

¡Ya estoy embarazada!

Lo primero es hacerse una prueba. ¿Da positivo? Pues se pide cita con la matrona. Ella nos facilitará la cartilla de embarazo, nos hará unas preguntas de rigor: ¿es el primer embarazo? ¿Es deseado? ¿edad? ¿trabajo?...
Nos pedirá la primera analítica y pasará nuestro informe al hospital.
En unos días, nos llamarán del hospital para tener una primera cita y concertar el resto.
Todo esto si vais por el sistema público.

¿Qué es mejor? Lo que nos acople a cada una. Por ejemplo, yo confirmé mi embarazo por mi ginecóloga (por privado), pero después, el seguimiento lo he hecho por el público.
¿Quejas? Ninguna.
La diferencia entre público y privado es la cantidad de visitas y ecografías que nos hacen. En el público, una por trimestre si todo va bien. En el privado, todos los meses.
A algunas personas les parece poco tres ecografías... Como yo defiendo el sistema público y sé que no es gratis (lo pagamos entre todos) Entiendo que, si el embarazo es normal y no hay ningún riesgo, con tres ecografías, basta.
No sé cuánto vale una ecografía normal. Sé que una analítica normal, nos cuesta 90€... aunque no los paguemos, directamente.

Me siento rara

El primer síntoma de embarazo es la ausencia de la menstruación. A partir de ahí, tenemos un mundo por descubrir. Cada mujer es un mundo y cada mundo tiene sus cosillas.
En lo que coincidimos todas es en el cansancio. Yo me dormía después de comer, después de cenar... estaba cansada a todas horas.

Otros síntomas: dolor de cabeza, sensibilidad e hinchazón de los pechos, aumento de ganas de orinar... Aumento del apetito.

Éstas son las normales.

Si tenéis suerte, no sabréis qué es eso de tener nauseas. Si no, a partir de la semana 8... entrar a la cocina será una tortura. Nos volvemos muy sensibles a los olores y cualquiera nos molesta: desde el pescado al perfume.
Y de ahí pasamos a las nauseas.

Es mentira eso de «nauseas matutinas». Pero mentira, mentira. Yo tenía a todas horas (especialmente, por la tarde) Me levantaba mal, me acostaba mal y a las cinco de la mañana me podía levantar, sin ningún tipo de problema, y abrazarme al wc durante unos segundos interminables.

¿El truco? Consumir hidratos de carbono (evitando la bollería, claro) y comer pocas cantidades, pero más veces.
Si tenéis las nauseas al levantaros, por la noche, dejaros un puñadito de almendras en la mesilla de noche y os la coméis antes de levantaros.

¿Y si tengo antojos?

Yo no he tenido antojos. Sí he tenido preferencias a la hora de comer, pero no me he despertado a las tres de la mañana con ganas de, no sé, algodón de azúcar.
Sí que es cierto, que comes lo que tu cuerpo te pide. Por ejemplo, desde el final del segundo trimestre, yo he aumentado el consumo de carne roja (y eso que no me apasiona) y de sardinas (otro alimento que tampoco es mi favorito) Con el resultado de la última analítica, tengo falta de hierro. Ambos alimentos son ricos en hierro... la naturaleza es sabia.
Así que comed lo que os pida el cuerpo, pero sin pasaros y, si no habéis pasado la toxo, sabiendo que deberéis cocinar de otra forma. Por ejemplo, en casa somos de carne «vuelta y vuelta». Ahora, es muy hecha.

Ante todo, tranquilidad

Un susto que me llevé durante el primer trimestre fue un sangrado. La matrona o gine, te dicen que puedes sangrar un poco (flujo marrón) porque se está implantando el feto.
Si sangras como una menstruación es mejor ir al hospital. Seguramente no será nada, pero tu estado de ánimo te lo agradecerá.
Porque nadie te dice que tus vasos sanguíneos están más sensibles y cualquier rotura puede parecer una regla, pero no ha pasado nada.

¿Alguna cosa más?

Pues sí. Si no practicáis deporte habitualmente, podéis empezar a caminar. Durante el primer trimestre, mejor que reposéis. Además, estaréis tan cansadas que no os apetecerá hacer nada.
Después, el pilates, la matronatación, un paseo de una hora al día, van muy bien para el embarazo.

¿Y el sexo?

Hay mujeres que la libido la pierden durante el embarazo. Las hay que les aumenta. Después están ellos, que les pasa igual: o la pierden o no.
Si sois de las que la perdéis, pues nada. Si os aumenta, el sexo es seguro hasta el octavo mes de embarazo. Sólo se descarta en casos puntuales: la placenta está abajo, hay riesgo de aborto... En esos casos, consultad a vuestro médico que os guiará y os aconsejará.

Y ante la duda...

Cuando nos quedamos embarazadas somos un mar de dudas, miedos e inquietudes. Por vuestra tranquilidad, de verdad, consultad a vuestro médico, matrona, id al hospital... Mejor volver tranquila a casa, que estar comiéndose el tarro.
Nuestro bebé necesita tranquilidad y nosotras, también.

Ah, y sobre todo, disfrutad de estos meses. Pasan volando (incluyendo las nauseas jejejeje)

En próximas entradas os contaré mi 2o trimestre y cómo está yendo el 3o. Además, hablaremos de alimentación (y caerá alguna receta rica, rica)

¿Y vosotras? ¿Cómo fue el primer trimestre?

Besos

dimecres, 5 d’agost de 2015

Quiero mi mamiBB

Dragones,

Estamos en la semana mundial de la lactancia. Como ya sabéis, la OMS recomienda 6 meses de lactancia materna en exclusiva y dedica esta semana a reivindicar la normalización de amamantar.

Hoy os hablaré de un producto, relativamente, nuevo. Pero, primero, os cuento algunas anécdotas.

Mi madre me destetó a los 3 meses porque empecé a jugar con sus pechos y le hacía mucho daño: mordía, arañaba, estiraba...
No, no me traumatizó el cambio al bibe, tranquilos.

Tengo un primo que cuando era bebé y mamaba, le dio por toquetear el «totén» (de «sotén» abreviatura que usamos en casa para «sotenidors», sujetador en castellano) La «manía» le duró bastante. Incluso cuando había dejado la lactancia materna, para dormirse necesitaba tocar el «totén».

Es normal en los bebés arañar, sin querer, mientras maman. Así surgieron los collares de lactancia.
Los podéis encontrar de todos los materiales, de todos los precios, en todas las superficies o tiendas pequeñas; incluso podéis hacerlo vosotros (hay patrones DIY por internet)

Pero, hoy, os hablaré de un proyecto bonito, bonito que me enamoró desde del segundo que lo descubrí: mamiBB.
Además de ser un collar de lactancia, es el primer collar-mordedor para los peques diseñado y hecho en España.


Montse es mamá de Olivia y dejó su trabajo anterior para dedicarle tiempo. Mientras crecía como mamá, ideó la manera de que su peque no la arañase, ni estirase del pelo y así nacieron los collares de mamiBB.

Están hechos de silicona, libre de productos tóxicos, son seguros y, a la vista, bonitos. Llevan el nombre de las ciudades que tienen algo especial para Montse. Entretienen a los peques mientras se alimentan y cuando les salen los dientes. Además se lavan con facilidad (incluso en el lavavajillas)

Y una vez pasada la etapa de dentición, puedes usarlos, sencillamente, como collar. Como el lema de mamiBB dice, «mamá guapa, bebé feliz».

Ahora también hay pulseras y mini collares y es un regalo perfecto para mamás y bebés.

¿Se nota mucho que estoy enamorada? Si todavía no tengo mi collar es porque aún no me he decidido por uno de los dos modelos que me encantan:

El modelo Formentera es taaaaaaaaan bonito

Y el modelo San Francisco pues igual... bonito, bonito.

Al final, terminaré comprando los dos, que me conozco (jejejeje)

Os recomiendo que, si tenéis que hacer un regalito a una futura mamá, si a tu peque le están saliendo los dientes o si amamantas y le tienes horror a los mini pellizcos... mamiBB es lo que buscáis.

Y hasta aquí la entrada de hoy, ¿de qué hablamos mañana? ;)


dimarts, 4 d’agost de 2015

Bésame mucho

¿Qué tal, dragones?

¿Asustados? ¡Dos entradas en una semana! Nada, no os asustéis. A estas alturas del partido, el miedo sólo es una pequeña piedra en el zapato. No hay más que detenerse, descalzarse y lanzar la piedra bien lejos.

Hoy quiero hablaros de mi reencuentro con Carlos González. Os explico mejor.

La primera vez que escuché hablar de este pediatra fue por la sabia boca de mi amiga Rocío. Tomé nota, pero como no estaba embarazada y lo veía tan lejos... pues ahí se quedó. En un cajoncito de mi mente, esperando a ser rescatado.

Con los meses, las voces contrarias a las ideas del doctor González fueron creciendo. No entendía el porqué, pero seguía sin ser una prioridad saber las razones.

Mientras, me convertía en educadora, engrosaba la lista del paro...

Y un bien día, ¡zas! ¡Embarazada!

Me recomendaron muchos libros y cuando empecé a leer Qué esperar cuando..., me bastaron dos párrafos para cerrarlo. Sí, claro, en la etapa más emocional y que más miedo da (porque el embarazo da miedo. No por ti, sino por el bebé) me iba a poner a leer qué peligros habían semana a semana... Con lo hiponcondriaca que soy con los míos.
Ro me recomendó a Carlos González y yo me he leído, de momento, Bésame mucho.

Admito que las voces negativas me hacían dudar, pero cuando leí el índice pensé: «Pero si este hombre piensa como yo».
Seguí mi instinto y lo compré y, efectivamente, este hombre piensa como yo. No sólo eso, sino que me ha hecho abrir la mente y pensar en algunas cosas en las que no había caído.

El lenguaje es muy cercano. No se va por los cerros, ni usa palabrejas de médico. Todo lo contrario. Es claro, directo, te pone ejemplos claros que te hacen pensar y, lo más importante, no impone sus ideas. Te da unas herramientas y eres tú quien decide, o no, aplicarlas.

Admito, eso sí, que este libro me ha enseñado muy poco. Me ha refrescado las convicciones, eso sí. Pero enseñar, no mucho. Como ya he dicho, coincidimos en el 99,9% de los temas.
Pero como me quedan 5 títulos por leer, seguro que me queda mucho por aprender.

La mamá del dragón leyendo Bésame mucho

Lo recomiendo, eso sí, para reforzar nuestra forma de criar-educar frente a los «expertos» que nos dicen que lo estamos haciendo mal. Y también lo recomiendo a los papás que les pilla, por sorpresa, eso de «educar».

¡Disfrutad de la lectura y de la crianza!


dilluns, 3 d’agost de 2015

El respeto


¿Cómo habéis empezado agosto, dragones?
 
Como educadora conozco casi todas las corrientes educativas habidas y por haber. Sin ir más lejos, ideé una metodología propia y, cada día, descubro algo nuevo. Lo que ya es, de por si, toda una satisfacción.
Como mamá, cuando te quedas embarazada, descubres que hay infinidad de mundos que tratan la crianza.
Como educadora, algunas de mis asignaturas tocaban temas de crianza y desarrollo. Por ejemplo, ASI (autonomía y salud infantil) Como su propio nombre indica, aprendimos a cambiar pañales (aunque el 99% de la clase ya sabíamos), a preparar papillas, a cómo se administran medicamentos (aunque no lo hacemos, nos sirve para cuando seamos mamás) y, entre otras muchas cosas, a fomentar la autonomía de los pitusos.
Otra asignatura era DSC (Desarrollo psicomotor) donde vimos desde el desarrollo del feto hasta cómo iba creciendo el bebé a lo largo de sus 3 primeros años de vida (cuando logran mantener la mirada, los reflejos, cuándo gatean...)
Como mamá sé que tendré que respirar y contar hasta 100 para recordar que tengo unas herramientas y que puedo ponerlas en práctica. Ya se sabe, en casa del herrero...

Para lo que no estaba preparada (aunque llegué a pensar que sí) es para las guerras abiertas en el tema de crianza: lactancia, apego,...
Por si acaso, os explico. Hay tres tipos de lactancia: materna, artificial y mixta.
La lactancia materna, como todos sabemos, es la que proporciona el cuerpo de la madre. La OMS recomienda 6 meses de lactancia materna en exclusiva. Es decir, sin añadir otro tipo de alimentación (básicamente, papillas) ¿Por qué? Porque la leche materna, además de crear un vínculo madre-hijo, le da a nuestro bebé una protección extra a su, todavía, inmaduro sistema inmunológico.
La lactancia artificial es la que se proporciona con biberón. La leche puede ser de vaca o de soja (la de soja es nuevecita) y tenemos miles de marcas a elegir.
La lactancia mixta es, lógicamente, la combinación de ambas.

¿Cuál es la mejor? Pediatras, matronas, el sentido común y el instinto maternal dicen que la primera.
Entonces, ¿por qué existe el biberón? Por mucho que digan los de USA que el biberón apareció cuando la mujer se incorporó al mundo laboral, no os lo creáis. Los primeros biberones datan de mediados del siglo XVI. Aunque, como todo invento molón, sólo estaba reservado a las altas esferas. Con los siglos, la leche artificial y la presión social, no sólo se ha perfeccionado, ha mejorado y es un instrumento de uso cotidiano.

Presión social. Me gusta esta expresión. La mujer, en su lucha por la independencia y la igualdad, presionó. Presionó a sus compañeras de sexo para usar el biberón y, durante años, la lactancia materna era rara. Porque lo normal era dar el bibe y volver al trabajo cuanto antes mejor (para demostrar que eres válida, independiente, que no necesitas a un hombre y que un hijo no te corta las alas... estoy siendo sarcástica)
Hoy, con el resurgir de la crianza natural, la lucha por la igualdad (desde otro punto de vista) y la conciliación; la tortilla ha dado la vuelta y se nos está quemando.

Y digo se nos está quemando, porque algunos grupos sociales -tanto de un lado como de otro- se atacan sinsentido y, la mayoría de veces, faltando al respeto.

La presión ha llegado hasta tal punto que si una madre no puede amamantar a su hijo, sufre. Y sí, aunque os digan que eso de «no poder» es un bulo, es verdad. He visto a una madre llorar, desesperada, por querer amamantar a su niña. Esa niña llorar de hambre y, después, estar tan débil que ni siquiera tenía fuerzas para llorar. ¿Por qué? Porque la hormona que produce la leche, no producía. La bebé casi la perdemos. La salvó un biberón.
Así que sí, bienvenido sea el biberón que salva vidas.

La presión ha llegado hasta tal punto que si una madre quiere amamantar a su hijo, sufre. Sufre porque su baja maternal dura, exactamente, 16 semanas. Sí, 4 patéticos meses. En España. Después debes reincorporarte a tu vida laboral o dejarlo todo por tu hijo (hay valientes que lo hacen y emprenden sueños) Las madres que vuelven a su trabajo, se preguntan, si la OMS recomienda 6 meses de lactancia... ¿qué hago? Muchas, al principio, tiran de sacaleches. La mayoría opta por la leche de continuación.
En este caso, no es que el biberón sea malo. La que es mala es la sociedad que no avanza y que no deja avanzar. Que no proporciona una baja maternal (y paternal) digna, que no fomenta una igualdad real, que no apuesta por el futuro: por los niños.
Por cierto, ir en contra de la ley del aborto (tema peliagudo donde los haya) no es apostar por el futuro. Pero de esto ya hablamos otro día.

Y sí, la presión ha llegado hasta tal punto que, si una madre quiere darle el biberón a su hijo, es una mala madre. Mentira. Tengo primos que se han criado con biberón y, hoy en día, son jóvenes guapetones, sanos, sin ningún tipo de trauma, independientes y felices. Su madre, por aquel entonces, no trabajaba. Pero tampoco quiso dar el pecho. Punto.

¿Por qué atacamos a las madres que amamantan? ¿Por qué a las que dan el biberón? ¿Qué hay de malo en destetar a un niño a los 3 meses? (mi madre me destetó a los 3 meses, al parecer me gustaba juguetear y le hacía daño) ¿Y en hacerlo a los 5 años?
Hace unos días vi a madres atacar, con fuerza, a una actriz que había sido invitada a la inauguración de una planta que producía leche artificial. Como cualquier excursión de ese tipo, al final, la chica se hizo una foto con el producto que le habían regalado. Dos días después, tuvo que explicar en su blog que amamantaría, pero que no veía nada de malo en dar biberón y que respetaba todas las opiniones al respecto. Para mí, fue un verdadero alivio comprobar que no soy la única que ve la lactancia como algo íntimo. Una decisión que toma la mujer (y a veces el bebé) y que ninguna otra debería opinar al respecto.

Otros temas que son atacados casi a diario, son: el colecho, el porteo y, por supuesto, las vacunas.

Recuerdo que, cuando nació uno de mis sobrinos postizos (hijo de una amiga) ésta me planteó sus dudas. Practicaban el colecho y su madre (la abuela del pituso) le había “echado la bronca”. Más por miedo que por convicción de crianza. El típico «y si lo aplastáis». Miedo comprensible al 100%, pero que había suscitado inseguridad en mi amiga.
La pregunta fue clara y directa: ¿Qué piensas del colecho?
Servidora, que todavía no sabía que estaba embarazada, la miró con asombro. No porque me hiciera la pregunta, sino porque no estoy acostumbrada a que me las hagan. Algunas de las mamás de mi entorno tienen miedo a lo que pueda decirles... y se sorprenderían.
Le respondí con otra pregunta: ¿Qué te dice tu instinto?
Ella me dijo que su instinto le decía que lo estaba haciendo bien. Ahí se terminaron las dudas, las inseguridades y demás.
No se lo dije en ese momento, pero me sentí muy orgullosa de tenerla como amiga. De ver qué mujer era antes de ser mamá y ver en qué mujer se había convertido.
Personalmente, que practicaran colecho o no, a mí no me afectaba. Yo no sé qué haré, todavía. Pero ver la convicción, la seguridad, la dulzura con la que hablaba del tema, cómo se sentía... eso, eso es magia.
También he visto lo contrario: el anticolecho. Y es tan respetable como el colecho.
Eso sí, si sois fumadores, no se recomienda el colecho.

Del porteo y, por supuesto, las vacunas; podría resumir mi opinión con una frase: Ante todo, sentido común y respeto.

Y a vosotros, ¿os han criticado por elegir una opción u otra? ¿Cómo os habéis enfrentado a las críticas negativas?


Mañana os recomendaré un libro molón y, en breve, hablaré de la habitación de nuestros dragones y de tiendas bonitas donde adquirir cositas más bonitas todavía.

Un besazo