dilluns, 3 d’agost de 2015

El respeto


¿Cómo habéis empezado agosto, dragones?
 
Como educadora conozco casi todas las corrientes educativas habidas y por haber. Sin ir más lejos, ideé una metodología propia y, cada día, descubro algo nuevo. Lo que ya es, de por si, toda una satisfacción.
Como mamá, cuando te quedas embarazada, descubres que hay infinidad de mundos que tratan la crianza.
Como educadora, algunas de mis asignaturas tocaban temas de crianza y desarrollo. Por ejemplo, ASI (autonomía y salud infantil) Como su propio nombre indica, aprendimos a cambiar pañales (aunque el 99% de la clase ya sabíamos), a preparar papillas, a cómo se administran medicamentos (aunque no lo hacemos, nos sirve para cuando seamos mamás) y, entre otras muchas cosas, a fomentar la autonomía de los pitusos.
Otra asignatura era DSC (Desarrollo psicomotor) donde vimos desde el desarrollo del feto hasta cómo iba creciendo el bebé a lo largo de sus 3 primeros años de vida (cuando logran mantener la mirada, los reflejos, cuándo gatean...)
Como mamá sé que tendré que respirar y contar hasta 100 para recordar que tengo unas herramientas y que puedo ponerlas en práctica. Ya se sabe, en casa del herrero...

Para lo que no estaba preparada (aunque llegué a pensar que sí) es para las guerras abiertas en el tema de crianza: lactancia, apego,...
Por si acaso, os explico. Hay tres tipos de lactancia: materna, artificial y mixta.
La lactancia materna, como todos sabemos, es la que proporciona el cuerpo de la madre. La OMS recomienda 6 meses de lactancia materna en exclusiva. Es decir, sin añadir otro tipo de alimentación (básicamente, papillas) ¿Por qué? Porque la leche materna, además de crear un vínculo madre-hijo, le da a nuestro bebé una protección extra a su, todavía, inmaduro sistema inmunológico.
La lactancia artificial es la que se proporciona con biberón. La leche puede ser de vaca o de soja (la de soja es nuevecita) y tenemos miles de marcas a elegir.
La lactancia mixta es, lógicamente, la combinación de ambas.

¿Cuál es la mejor? Pediatras, matronas, el sentido común y el instinto maternal dicen que la primera.
Entonces, ¿por qué existe el biberón? Por mucho que digan los de USA que el biberón apareció cuando la mujer se incorporó al mundo laboral, no os lo creáis. Los primeros biberones datan de mediados del siglo XVI. Aunque, como todo invento molón, sólo estaba reservado a las altas esferas. Con los siglos, la leche artificial y la presión social, no sólo se ha perfeccionado, ha mejorado y es un instrumento de uso cotidiano.

Presión social. Me gusta esta expresión. La mujer, en su lucha por la independencia y la igualdad, presionó. Presionó a sus compañeras de sexo para usar el biberón y, durante años, la lactancia materna era rara. Porque lo normal era dar el bibe y volver al trabajo cuanto antes mejor (para demostrar que eres válida, independiente, que no necesitas a un hombre y que un hijo no te corta las alas... estoy siendo sarcástica)
Hoy, con el resurgir de la crianza natural, la lucha por la igualdad (desde otro punto de vista) y la conciliación; la tortilla ha dado la vuelta y se nos está quemando.

Y digo se nos está quemando, porque algunos grupos sociales -tanto de un lado como de otro- se atacan sinsentido y, la mayoría de veces, faltando al respeto.

La presión ha llegado hasta tal punto que si una madre no puede amamantar a su hijo, sufre. Y sí, aunque os digan que eso de «no poder» es un bulo, es verdad. He visto a una madre llorar, desesperada, por querer amamantar a su niña. Esa niña llorar de hambre y, después, estar tan débil que ni siquiera tenía fuerzas para llorar. ¿Por qué? Porque la hormona que produce la leche, no producía. La bebé casi la perdemos. La salvó un biberón.
Así que sí, bienvenido sea el biberón que salva vidas.

La presión ha llegado hasta tal punto que si una madre quiere amamantar a su hijo, sufre. Sufre porque su baja maternal dura, exactamente, 16 semanas. Sí, 4 patéticos meses. En España. Después debes reincorporarte a tu vida laboral o dejarlo todo por tu hijo (hay valientes que lo hacen y emprenden sueños) Las madres que vuelven a su trabajo, se preguntan, si la OMS recomienda 6 meses de lactancia... ¿qué hago? Muchas, al principio, tiran de sacaleches. La mayoría opta por la leche de continuación.
En este caso, no es que el biberón sea malo. La que es mala es la sociedad que no avanza y que no deja avanzar. Que no proporciona una baja maternal (y paternal) digna, que no fomenta una igualdad real, que no apuesta por el futuro: por los niños.
Por cierto, ir en contra de la ley del aborto (tema peliagudo donde los haya) no es apostar por el futuro. Pero de esto ya hablamos otro día.

Y sí, la presión ha llegado hasta tal punto que, si una madre quiere darle el biberón a su hijo, es una mala madre. Mentira. Tengo primos que se han criado con biberón y, hoy en día, son jóvenes guapetones, sanos, sin ningún tipo de trauma, independientes y felices. Su madre, por aquel entonces, no trabajaba. Pero tampoco quiso dar el pecho. Punto.

¿Por qué atacamos a las madres que amamantan? ¿Por qué a las que dan el biberón? ¿Qué hay de malo en destetar a un niño a los 3 meses? (mi madre me destetó a los 3 meses, al parecer me gustaba juguetear y le hacía daño) ¿Y en hacerlo a los 5 años?
Hace unos días vi a madres atacar, con fuerza, a una actriz que había sido invitada a la inauguración de una planta que producía leche artificial. Como cualquier excursión de ese tipo, al final, la chica se hizo una foto con el producto que le habían regalado. Dos días después, tuvo que explicar en su blog que amamantaría, pero que no veía nada de malo en dar biberón y que respetaba todas las opiniones al respecto. Para mí, fue un verdadero alivio comprobar que no soy la única que ve la lactancia como algo íntimo. Una decisión que toma la mujer (y a veces el bebé) y que ninguna otra debería opinar al respecto.

Otros temas que son atacados casi a diario, son: el colecho, el porteo y, por supuesto, las vacunas.

Recuerdo que, cuando nació uno de mis sobrinos postizos (hijo de una amiga) ésta me planteó sus dudas. Practicaban el colecho y su madre (la abuela del pituso) le había “echado la bronca”. Más por miedo que por convicción de crianza. El típico «y si lo aplastáis». Miedo comprensible al 100%, pero que había suscitado inseguridad en mi amiga.
La pregunta fue clara y directa: ¿Qué piensas del colecho?
Servidora, que todavía no sabía que estaba embarazada, la miró con asombro. No porque me hiciera la pregunta, sino porque no estoy acostumbrada a que me las hagan. Algunas de las mamás de mi entorno tienen miedo a lo que pueda decirles... y se sorprenderían.
Le respondí con otra pregunta: ¿Qué te dice tu instinto?
Ella me dijo que su instinto le decía que lo estaba haciendo bien. Ahí se terminaron las dudas, las inseguridades y demás.
No se lo dije en ese momento, pero me sentí muy orgullosa de tenerla como amiga. De ver qué mujer era antes de ser mamá y ver en qué mujer se había convertido.
Personalmente, que practicaran colecho o no, a mí no me afectaba. Yo no sé qué haré, todavía. Pero ver la convicción, la seguridad, la dulzura con la que hablaba del tema, cómo se sentía... eso, eso es magia.
También he visto lo contrario: el anticolecho. Y es tan respetable como el colecho.
Eso sí, si sois fumadores, no se recomienda el colecho.

Del porteo y, por supuesto, las vacunas; podría resumir mi opinión con una frase: Ante todo, sentido común y respeto.

Y a vosotros, ¿os han criticado por elegir una opción u otra? ¿Cómo os habéis enfrentado a las críticas negativas?


Mañana os recomendaré un libro molón y, en breve, hablaré de la habitación de nuestros dragones y de tiendas bonitas donde adquirir cositas más bonitas todavía.

Un besazo

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