dilluns, 5 d’octubre de 2015

Brazos vacíos

A lo largo de estas últimas semanas, me habéis podido notar un poco quejosa. Todo me molestaba y, por si fuese poco, ¡¡lo decía!!
De todos es sabido que el pasado 8 de septiembre llegó a mi vida la persona más importante: mi hijo.
Era martes. Aquel mismo viernes nos dieron el alta y el sábado, mi hijo era ingresado en la unidad de neonatos por deshidratación. Aún no me había subido la leche y tenía altas concentraciones de sodio y bilirrubina.

Pues bien, sólo la persona que ha pasado por lo mismo que yo, me puede entender. Y cuando digo “lo mismo que yo”, no me refiero a que ingresen a tu hijo. Me refiero a que “te lo quiten” de los brazos.
Aquel sábado, bien entrada la noche, mi marido y yo volvíamos solos a casa. Con una silla para bebé en el coche vacía. Con un bolso cambiador con pañales que esa noche no usaría. Volvimos solos a casa. Cansados, tristes y, personalmente, con sentimiento de culpa. No me había subido la leche, mi hijo no se había amamantado bien y lo tenía que dejar en el hospital.

Mis brazos estaban vacíos y ansiosos… y yo no podía dejar de llorar.
Sí, tal vez fueran las hormonas, pero aquella noche lloraba porque no tenía a mi chiquitín en brazos.
Después de aquel fin de semana, después de nuestro primer reto como familia… yo tengo que lidiar todos los días con mi peor enemiga: mi yo insegura.

No soy la madre que he soñado durante 39 semanas. Algunos de los proyectos los llevo a medias por mi inseguridad y los comentarios ajenos (casi siempre de las personas que más me deberían apoyar: familiares) no ayudan.

Que no se haga un mínimo esfuerzo por comprender las decisiones que tomamos, tampoco ayuda.
Por si fuese poco, la lactancia materna también está siendo dura. Bonita, pero dura. Tampoco ayuda que las personas no entiendan que un hijo debe estar en brazos de su madre para ser amamantado. Porque cuánto más tiempo esté mamando, más leche produce su madre… y yo necesito producir leche.

La sociedad debe entender y concienciarse que la maternidad está cambiando, que la lactancia está cambiando, que la forma de criar y educar está cambiando. Se debe comprender que, en su día, no se hizo mal. Pero ahora, hoy, nosotros lo queremos hacer de forma distinta.
Por eso defiendo la crianza con apego, por eso defiendo coger en brazos a mi hijo cuando llora y no esperar a que tenga un berrinche; por eso me molesta que no se respete sus tomas o que duerma la siesta conmigo; por eso defiendo que las primeras semanas, mientras la lactancia no está establecida, las únicas personas que deberían coger en brazos al niño son su madre y su padre…

Quizá no sea la madre que quería ser, quizá me equivoqué (mi instinto me dice que no), quizá tenga a mucha gente en contra… pero por las noches, cuando estoy destrozada y cansada, cuando llevo sola todo el día con mi hijo, cuando lo único que queda de mí son miedos, inseguridad y lágrimas; una voz cálida me susurra: “Mi amor, lo estás haciendo bien”.

Mi marido, mi mejor amigo, me acompaña y me apoya (y lee todo lo que escribo) y nos dormimos escuchando los ruiditos que emite nuestro dragón sano, valiente y bonachón.

2 comentaris:

  1. La gent és molt egoista i poc empàtica, i tendeix a pensar que els nadons són "peluixets" que es poden agafar i amanyagar quan a ells bé els sembla. Jo em vaig sentir retrets de familiars que deien que "encara no l'havien poguda agafar en braços". Un recén nascut ha d'estar amb la mare, i mamar molt!! Totalment d'acord. I durant moltes setmanes! Espero que ja aneu bé amb el tema pit. Salutacions d'una mare també novata (tot i que per dates veig que una mica menys que tu :))

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